¿Sabe usted qué es la blancorexia?

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2 diciembre, 2015

¿Sabe usted qué es la blancorexia?

Siempre se ha dicho que todo extremo es vicioso y que las exageraciones degeneran en trastornos que pueden afectar la vida del ser humano.

La ciencia ha logrado identificar cinco rituales compulsivos vinculados con las obsesiones y unos más catalogados como secundarios, entre los que está la blancorexia.

Entre los principales están los de repetición: (como por ejemplo, contar los escalones).

Los de comprobación: (como comprobar varias veces si cerraron la puerta con llave o si apagaron el gas).
Los de acumulación: (como guardar objetos innecesarios).
Los de orden :(como no tolerar los cambios de lugar o de posición de los objetos del hogar).
Los de limpieza: (como la preocupación exagerada por la limpieza del hogar y personal).
Pero también existen otros que son más comunes de lo que creemos y que incluso lo podemos estar padeciendo sin saberlo.
Se trata de la blancorexia que no es otra cosa que la obsesión por tener los dientes blancos.

Iván Malagón, reconocido odontólogo y escritor de temas de salud oral lo explica desde su óptica:

“Hoy en día parece que la moda es conseguir unos dientes blancos perfectos. Nos ofrecen numerosos opciones milagrosas que, presuntamente, sirven para conseguir la sonrisa de la celebrity que más deseamos. Esta obsesión es llamada “blancorexia”, que como otro tipo de obsesiones, es un trastorno que merece atención psicológica y seguimiento especial por parte de los odontólogos”.

Efectivamente es un trastorno que afecta por igual a hombres y a mujeres y se debe intentar detectar por parte del especialista para lograr reconducirla a tiempo.

Esta obsesión por el blanco de los dientes, ha llevado a muchas personas a someterse de forma continua y fuera de todo control médico a tratamientos nada recomendables en busca de un blanco cada vez más blanco.

“Es en este momento donde el odontólogo debe explicar al paciente que lucir una sonrisa perfecta y radiante, tiene que ser una sonrisa saludable, sin poner en riesgo la salud dental. Realizar un blanqueamiento sin un control médico puede llegar a agredirnos de forma peligrosa dientes y encías, causando, en casos extremos, la pérdida de la pieza”, dice Iván Malagón.

Tenemos que ser conscientes que las imágenes que vemos de dientes perfectamente blancos en muchas publicidades son retocadas en busca de una sonrisa artificial y un rostro falsamente ideal y radiante. La realidad es que los dientes no son blancos (nunca son blancos), ni siquiera cuando somos pequeños. Tenemos que conseguir la naturalidad en el tratamiento, ésta es la verdadera belleza.

“Cada uno de nosotros tenemos una tonalidad en nuestra dentadura que viene marcada por la genética y es la más armónica para nuestras facciones, sus encías y para la tonalidad de su piel. Además, los dientes no se blanquean, sino que los aclaramos alguna o algunas tonalidades para devolverles un tono parecido a su aspecto original para lograr una sonrisa natural, más sana y armónica con nuestra fisonomía” finaliza el especialista.

A la hora de hacer un blanqueamiento dental en una clínica, es fundamental realizar un estudio personalizado del estado de los dientes y de las causas que han podido modificar su color original. Analizando las características físicas generales de cada persona, se realizará un tipo de tratamiento u otro – desde aquellos se podemos llevar a cabo en casa, supervisados por el odontólogo, hasta otros donde se utiliza luz Led que nos permiten tener una sonrisa blanca en muy poco tiempo-. Los profesionales son los que nos deben recomendar el más eficaz para cada uno, mediante técnicas que no perjudiquen nuestra salud.

Algunas rutinas para ayudar a conseguir y a mantener nuestros dientes blancos:

  • Rigurosidad en la higiene, después de cada comida y haciendo uso de la seda dental.
  • Evitar el tabaco, es muy negativo para nuestra boca.
  • Reducir el consumo de: Café, té, vino tinto y otras bebidas con un alto contenido en taninos y cromógenos.
  • Refrescos y bebidas carbonatadas, azucaradas y energéticas.
  • Frutas y verduras de color intenso, cuyo pigmento se adhiere al esmalte.
  • Salsas de tomate, negra y el vinagre balsámico.

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